Nuestra
Corporación tuvo su germen, como tantas otras en Puente Genil,
en un grupo de jóvenes amigos que, movidos por las costumbres
de su pueblo y que ya han vivido desde niños, decide, casi
sin quererlo, crear su propia experiencia en la Semana Santa pontana.
Así,
entre el ocaso de los juegos infantiles y el amanecer del mimetismo
a los mayores, entre el fin de las carreras callejeras y la búsqueda
de huecos en los balcones para admirar, fue surgiendo la curiosidad,
el ansia y la ilusión por experimentar las vivencias y sentimientos
que nuestra Semana Santa reparte entre sus hijos.
Primero
fueron cuatro; hay que decidir el nombre: “La Corona de Jesús”.
Posteriormente comienzan los “fichajes”: “Venid
a comer el Jueves Santo…”… ¿y si presentáis
la carta?”. Así fueron sumándose más
hermanos. Ocho, doce, dieciocho,…y ahora veinticinco. Hermanos
de sangre se convertían también en hermanos de cuartel.
Primos que arrastraban a amigos, amigos que enganchaban a sus hermanos.
Todos con un denominador común: la pasión por nuestras
costumbres y el respeto por la tradición.
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